domingo, 22 de abril de 2012

ZAZEN en el Calvario, Vigo


A mi maestra, Bárbara.


Ya desde por la mañana se respira un ambiente distinto en el piso. Los últimos preparativos de la sala se viven con una mezcla de buen humor y cierta premura, porque el paso del tiempo es implacable…
 Y dan las 8. El timbre suena por primera vez, señal de que las primeras personas ya van llegando. En la puerta, Jorge, profesor de yoga y amigo, quien ha hecho posible este arranque gracias a haber aportado este espacio para la práctica, a su compañía y ayuda, recibe a los primeros practicantes.

  Una imagen del buda y una sencilla mesa de madera, con una pequeña fuente, incienso y vela, reciben a los asistentes. Justo a la derecha, una sección de un tronco de árbol actúa de sostén de pequeñas imágenes cargadas de un gran significado que vigilan la entrada a la sala: el enzo, sin principio, sin fin… y toda la sabiduría transmitida, representada en sus últimos eslabones, la maestra Bárbara Kosen, su maestro Taisen Deshimaru y el maestro de este último, Kodo Sawaki.

  
Es momento de ponerse el kimono para la meditación. La actitud en mí se torna seria, concentrada, acorde con la responsabilidad que acompaña todo este evento. Se acentúan todas las sensaciones con el rakusu sobre mi cabeza…

La llamada sobre la madera, en la terraza junto a la sala de meditación, atrae rápidamente la atención de los asistentes y enmudece la sala.

 

Se introducen los elementos primordiales de la práctica. Primero, cómo moverse por el dojo hasta llegar al cada lugar de asiento, cómo saludar, la entrada y la salida del zafu… el ritmo, la actitud en estos movimientos… tras un par de simulacros de entrada y salida al dojo, se presentan los detalles de la postura: los tres puntos de apoyo, la colocación adecuada sobre el cojín, la basculación de la pelvis, la espalda estirada, el gesto de empujar con la coronilla hacia el techo para estirar del mismo modo la parte trasera del cuello… las manos, los pulgares… los dientes, la lengua, la mirada… visualizo la postura y me concentro para no dejarme atrás ningún aspecto fundamental…


Como los participantes en la meditación proceden del mundo del yoga, sé que necesito incidir en la respiración…

Y la actitud, hishiryo…

Es momento de apagar la luz principal. Las lámparas de sal y las velas permiten homogeneizar el color ahora apagado de unas paredes que, con luz del sol, se presentan vivas, con movimiento. También quieren colaborar con zazen…


Suenan los cuencos, la atmósfera del dojo se percibe con claridad. En la primera sentada, que será de 20 minutos, por eso de estar en el primer día, un pequeño recorrido para realizar alguna corrección de la postura, intentando no interferir en la práctica…

Suena el cuenco de nuevo, pasamos a kin-hin. Ya se había practicado junto con el movimiento en el dojo. Dos pequeños recordatorios sobre el gesto de las manos, la respiración, el movimiento, el peso del cuerpo sobre el pie adelantado al exhalar… zazen continúa.

Otra vez el cuenco señala una nueva práctica en postura sedente. Sólo es necesario un pequeño comentario, una vez estamos todos ubicados, para acentuar el estiramiento de espalda y nuca, para vigilar la posición de las manos… no perder de vista la respiración…

Hasta que el mazo golpea de nuevo contra la madera. Es momento del Sutra de la Gran Sabiduría. Por ser el primer día, la impresionante voz del maestro Deshimaru nos acompaña, junto a los miembros de la shanga.La salida del dojo siempre con atención. La práctica ha estado marcada por la quietud y la concentración. La mayoría de las personas se quedan para conversar… aparecen las preguntas. Aparece la paradoja de vivir asentados en la ignorancia, aunque tengamos muy desarrollado el aprendizaje intelectual… aparecen preguntas sobre la motivación para continuar… y el fuego de zazen ya había hecho su trabajo… las preguntas, como un boomerang, se adentraban hasta el centro de cada persona que la había formulado…

 
Pese a estar acostumbrado a dirigir grupos de práctica, en yoga, me siento sobrecogido por la fuerza de la experiencia de haber intentado, con mis limitaciones, dirigir un grupo de práctica. No soy monje, no soy instructor, solo un principiante de zazen que agradece a la vida esta oportunidad y que reconoce todo el camino aún por recorrer…

 Ha sido zazen en Vigo… la zona, el calvario… el primero de otros pasos que, seguro, vendrán después. 
De alguna manera la maestra y toda la shanga han estado conmigo, guiándome, acompañándome… doy gracias por ello.

Tampoco me quiero olvidar de Saúl y de la shanga de Tui y Orense, gracias a quienes he podido conocer esta maravillosa práctica y con quienes siempre es un placer compartir zazen. 

Gassho.
 Extraña en verdad es la vía que lleva al monte Frío.
No se ve ninguna rodada ni huella de casco.
Los valles serpentean hasta donde se pierde la vista.
Las cimas destellan de rocío y los pinos murmuran bajo la brisa.
¿No has entendido aún?
La realidad pide a la sombra el camino.
          HANSAN

4 comentarios:

  1. Muy interesante.
    I wish I could,maybe one day!! Why not?
    Enhorabuena!!
    Love and cheers.-

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  2. Eres un regalo de la vida...
    te doy las gracias por poder compartirla contigo.
    ¡Que el amor siempre te rodee!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Es fantástico Nacho!
    Me alegro mucho
    Ánimo y Suerte!

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