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martes, 3 de abril de 2012

El valor de la celebración



A raíz de una visita al casco histórico de Vigo (poco a poco va adquiriendo una imagen renovada que transforma por completo la impresión de quien la visita frente a las sensaciones de huida que producía hace no muchos años), en la fiesta en conmemoración de la Reconquista, se instala en mí una profunda reflexión sobre la fiesta y la celebración en nuestros días, en nuestro entorno...


Y es que hasta la celebración se ha convertido en momentos a la carta para entregarnos al exceso en la comida, la bebida y la aglomeración. Ante la falta, cada vez más acuciante, de un estado interno que nos llene por sí mismo, que nos permita ser y estar en cada instante, los "días libres" (sed conscientes de cómo se ha instaurado en la gran mayoría la idea de "por fin es viernes", como alivio...) se presentan con la imperiosa necesidad de mirar en "la carta de oportunidades de ocio", si ha nevado, si hay un aniversario de un acontecimiento histórico, una fiesta religiosa (que probablemente haya perdido todo el espíritu original), si "el hombre del tiempo" aconseja visitar las playas y terrazas de las playas de Levante...


... por suerte no todo el mundo se comporta según estos patrones, aunque sí la mayoría...


No hace tanto tiempo se celebraba el encuentro por el intercambio de materias primas procedentes de la ganadería, la agricultura y los oficios (antaño artesanos), la recompensa a un esfuerzo compartido entre los vecinos de un pueblo que se ayudaban unos a otros en la vendimia, el solsticio de verano, el solsticio de invierno... el nacimiento de un animal, de un bebé...


Ahora todo es espectáculo y, por desgracia, el sistema de vida hacia el que nos hemos visto arrastrado en los últimos tiempos genera una cada vez más larga carta de representaciones ociosas en la que, mayoritariamente, participamos como meros expectadores a los que se nos invita, por cortesía consumista, a subir al escenario.


... que ZAZEN continúe!!


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